Monday, December 27, 2004

Los que se van primero

A lo largo de mi vida, he tenido la dicha de no ir a muchos sepelios. Sinembargo, las pocas personas que se han ido, desde que tengo uso de razón han dejado huellas en mi vida.

Creo que primero fue el abuelo de una amiga, a quien conocí poco, pero días antes de morir, done sangre para él en el hospital. Días después murió. Yo estaba estudiando en EU así que no pude asistir al entierro, y creo que fue mejor así, no hubiera podido pronunciar palabra. Después, lo fuí a ver al panteón, pero me sentía extraño, no lo conocí muy bien, creo que me daba más curiosidad el hecho de saber que mi sangre estaba dentro de el al momento de fallecer. Muy extraño.

Después cuando recién casado, Roberto, me acuerdo de él como alguién callado, pero amistoso, siempre estaba ahi, en la última fila de sillas de la iglesia con los brazos cruzados, poniendo atención. Cuando me dijeron, me cayó por sorpresa, no lo pude creer. Recuerdo que alguna vez le dijo a mi papá que me enseñaría a manejar, era una persona muy paciente. Un hombre que dejó huella, tanto, que Toño de vez en cuando lo menciona, y se podría decir, que lo extraña.
No pude ir al sepelio, Letty estaba embarazada, y no podía dejarla sola o llevarla, pero se que volveré a ver a Roberto, de eso no tengo duda.

Ricardo Padilla, me enseñó muchas cosas. Un buen hombre, músico, carpintero, padre y abuelo. Se ve por el cariño que le tenían sus hijas, nietos. Su esposa lo amaba demasiado. De eso no tengo duda. Cuando adolescente, me tocó trabajar a su lado, pintamos bancas en la iglesia durante un verano. Ahí lo conocí más a fondo y le tome aprecio, a él y a su hijo Ricardo. Después, pocos días antes de que partiera, tuve oportunidad de despedirme de él, de decirle cuanto lo quería y lo mucho que me había enseñado. Cuando murió salí del trabajo para ir al velorio, me tomé el día, tampoco lo podía creer, pero ya lo esperabamos. Abrazé fuerte a Ricardo, esos días fué muy valiente.

No recuerdo la fecha exacta, pero si el momento. El "papá" de mi mamá. Le debería decir abuelo, pero, no puedo. Como le dices abuelo a alguien que ni siquiera sabía tu nombre, alguien a quien solo viste a lo mucho 5 veces en tu vida. En fin, mamá estaba tranquila, fuimos a Sabinas por ella. Luego, en el velorio, fui al ataúd a verlo, ahi lo volví a conocer, tenía más de 10 años de no verlo. Me pare frente a él, lo perdone. En realidad, a mí nunca me hizo nada, así que no tenía que perdonar. Pero se que algo de él corre en mi sangre, aunque no me guste. Mi gusto por el monte, por los corridos, por la cacería, se que en parte se debe a él. Una vez me lo dijo mi mamá. A tu "abuelo" le gusta cazar venados, le encanta "Agustin Jaime". Agustin Jaime, de vez en cuando la canto, y sin querer me acuerdo de él, de su memoria. Por más que quize, no lloré, como lloras a alguien que no conoces. Creo que si hubiera llorado sería de rabia, por haberme perdido platicas de ranchos, de venados, de corridos con él, tal vez por eso no lo llamo "abuelo", porque me da coraje que deje pasar el tiempo y nunca lo busqué. Tal vez hubiera sido un buen abuelo y yo un buen nieto para él. Al llegar a la misa, cargué el feretro con los hermanos de mi mamá. Pero no lloré.

Luego fue doña Juanita, aunque no fuí su nieto, me sentía como uno. Una de esas personas que da amor sin importar a quien lo da, una abuelita muy alegre, muy querendona y cariñosa. de ella no me pude despedir, pero se que ahora esta mejor. Todos la lloraron mucho y aún la siguen llorando. Yo no lloré, pero la recuerdo, con eso la mantengo viva, cada que voy a su casa, me acuerdo de ella, de su forma de platicar, de su buen humor y el cariño que todos le tenían. Una buena mujer, de esas de las de antes, una mujer de adeveras.

Ayer, fué Olga. Cuando me dijerón, lloré. Nunca había llorado. Pero se me cortó el habla, y lloré. No lo esperaba. Una mujer muy grande. Que amaba demasiado a su marido y a su hijo. Muchas veces platiqué con ella. Muchas veces, tocó mi corazón el verla reír del dolor, del sufrimiento. Como dicen, nunca se quejó, siempre se enfermaba, pero el domingo, el domingo ahí estaba, cantando, orando. Siempre dando gracias a Dios por su deteriorada salud. David, la amaba mucho, se le veía en la mirada. En las capillas, mientras hablaban de ella, llore de nuevo, no pude parar, comenzé a llorar, de tristeza, porque no me pude despedir, pero después, me di cuenta que esta mejor así. Nosotros la vamos a extrañar, pero la veremos de nuevo, con esa sonrisota, y ya no habrá mas dolor. Espero poder visitar a su hijo, darle aliento, esta muy chavo y se puede perder, hay que apoyarlo. Una buena mujer, la volveré a ver. Ayer le canté, le dije que la volvería a ver.

Es difícil perder a la gente que aprecias, pero así es. Tenemos los días contados. Espero dejar huella, espero, que cuando me toque, mucha gente llene el salón, mucha gente se acuerde de mí por las cosas buenas y olvide las malas. Pero de eso, ya no me daré cuenta. Estaré ocupado saludando a los que ya se fueron y dejaron huella en mí.

para Olga...que me enseño mucho sin darse cuenta, que me dio cariño sin notarlo, que me hizo llorar ayer, pero que voy a volver a ver.

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