De Barretales y Ramón Ayala
Tendría como 12 años, mi vecino de enfrente y en ese entonces mi mejor amigo, el Porras, me invito a ir al Barretal, un ejido situado en algún lugar entre Cd. Victoria y Tampico. Porras había invitado a toda la cuadra sinembargo, ahi estabamos, en la central de autobuses, el Porras, Pablo, los hermanos de Porras y yo. Era mi primer viaje fuera de Monterrey solo, bueno, sin mis padres. Tal vez por eso recuerdo al Barretal con cariño, fue mi primer viaje.
Subimos al autobus, no recuerdo muchos detalles, pero como nunca había viajado todo me parecia de otro mundo. Cuando llegamos nos recibió la abuelita del Porras. Descubrí que el Barretal era un pueblito de calles sin pavimentar, donde para hablar por telefono había que ir a una oficinita a un lado de correos y pedir a la operadora te comunicara a Monterrey.
La novedad era una tienda donde había dos maquinitas, los niños gastaban lo poco que tenían ahí. Pero lo mas grandioso era la acequia. Pasaba a solo una cuadra de la casa, ahí nos dedicabamos a pescar charalitos, a nadar, tirarnos clavados, tirar piedras a los demás niños.
En las tardes, mientras escuchabamos a Ramón Ayala, jugabamos a la lotería, nos sentabamos en el porche, yo me acostaba en el piso mientras me comía una naranja y sentía que estaba muy pero muy lejos de mi casa.
La semana pasó rápido, regresé solo a Monterrey, había salido de viaje "solo" y me lo pase muy bien.
Desde entonces, cuando escucho a Ramón Ayala, me acuerdo del Barretal, de las calles empedradas, de esa acequía donde nos bañamos y donde al final de la semana descubrimos que también se bañaban los marranos del pueblo. Recuerdo el huevo con cáscara, los frijoles cocidos en una tina de lavadora vieja, el comer naranjas echado en el porche.
Años después, cuando veo al Porras, no dejo de agradecerle la invitación, los viajes ilustran y nos hacen crecer. Creo..
