El Futbol (2)
El viernes por la Noche, mientras dormía, me dió un calambre, hacia mucho que no me daba un calambre como ese. Cuando baja la temperatura, me comienzan a dar todo tipo de dolores y achaques, sobre todo en las rodillas y de vez en cuando, calambres, siempre donde mismo, en los chamorros. El calambre me despertó. me tiré al suelo retorciendome de dolor, grité a pulmón abierto, necesitaba que Letty se levantara para ayudarme, pero no lo conseguí. Aguante el dolor, estire la pierna y solo pensaba en el momento en que todo terminaría, cuando volvería a la cama como si nada.
Ese calambre, es una huella de una lesión, cuando me da, no puedo caminar bien por una semana, después todo vuelve a la normalidad. A los 17 años, me dió una contractura muscular, a los 19, la contractura se hizo más fuerte, al grado de que no podía mover la pierna y necesitaba inyectarme para quitar el dolor. Ese calambre y las semifinales de futbol me hicieron recordar.
Estaba en la categoría Pee-wee. Era liniero ofensivo. Tackle derecho para ser exacto. Aunque no me consideraba buen jugador, creo que tenía alguna ventaja sobre los demás, el lado derecho es el lado fuerte, por donde mandan las corridas de poder, así que los linieros del lado derecho, siempre son mejores que los del lado debil (el izquierdo).
Eramos 5 gorditos, a todos nos pusieron un apodo de oso. El mío, era el de Winny Pooh, al menos no me tocó el de Tobi. Luego, a repartir los números. Yo quería el 81, con ese había jugado mi papá, pero ese número era para los receptores. Así que me dieron el 60, un número que no significa nada para nadie, pocos jugadores usan el 60, creo que es algo feo tal vez, pero ese era mi número.
No recuerdo bien el primer juego, pero estaba nervioso, me dolía el estomago. Cuando comenzó, me hicieron garras, el defensivo pasó por encima de mi como si nada, tenía miedo, estaba muy asustado, escuchaba el grito de las gradas, en la línea, el defensivo me gritaba de cosas, que me tomé muy en serio, y me asuste. Supongo que eso les pasa a todos. Reaccioné, todo era como en el entrenamiento, debía recordar el entrenamiento. Así que en la siguiente jugada y en las que siguieron, me concentré en lo mío, me olvide de las gradas, de lo que me decía el de enfrente, y me dedique a lo mío, nadie debía tocar al pasador, ni a los corredores.
No nos fué muy bien esa temporada, debimos de haber ganado unos 4 juegos y de haber perdido unos 6. Pero me divertí. El futbol me gustaba, y tenía un número. El 60.
En Borregos, cuando repartieron los números, pedí el 60, ese número lo había usado siempre, era por cabala. Creo que todos los jugadores, tienen ritos y supersticiones, parte de mi ritual de juego era el usar el 60, sin ese número no juego le dije al coach, cuando alguien me ganó el número. Me lo dieron, era el mejor liniero y tenía que escoger el número primero.
Durante un juego, contra la universidad metropolitana, me dió el calambre. Estaba a punto de salir la jugada cuando sucedió, me tiré al piso, me retorcía de dolor, mientras el defensivo pasaba sobre mí, luego, como cosa hecha adrede, alguién cayó sobre mí, justo donde me dolía, no me podía parar. Entre 2 compañeros me sacaron del juego, en la banca, me atendierón, el coach estaba preocupado por mi, eso me hacía sentir importante, pero en ese momento no lo pensaba así. Me dolia la pierna, me inyectaron voltarén, me vendaron, y después de un rato pude caminar de nuevo. Durante 2 meses tuve que ir a terapia, me aplicaban calor en la pierna, después la debía meter en hielo. Antes de cada juego, como parte de mi ritual, tomaba aspirinas, algunos tomaban cosas mas gruesas, pero nunca opté por eso. Siempre 4 aspirinas, para el dolor, para no sentir por un rato los achaques, ahora, eran 4 aspirinas y una inyección. Solo así podía correr.
Ya pasó mucho tiempo, pero el dolor sigue ahí. El calambre es exactamente igual, el dolor no ha cambiado en nada. A veces, cuando corró, siento como se me entume el chamorro, entonces, recuerdo, recuerdo el olor a cesped recién cortado, el olor a humedad. El dolor, aunque a veces insoportable, me hace recordar.
Ahora, tendido en el piso, recuerdo, sonrio, me siento como un soldado romano, orgulloso de su herida, una herida de alguna batalla gloriosa.
Al día siguiente no puedo caminar bien, pero me siento vivo, que mejor que un recuerdo que se hace presente en el cuerpo, para recordar viejas aventuras. No cabe duda que me encanta el futbol.

2 Comments:
Ok. Ok. Ok. El hombre es un ser salvaje que intenta acomodarse a un vida no tan salvaje. Tú eres un salvaje Winni Poo y yo un salvaje letrólogo que esgrime una pluma que nadie lee. Pero te entiendo en una cosa: eso de sentirse vivo. A tí te pasa con tus dolores, a mi cuando termino de escribir algo.
Tú te inyectas jreingas y yo le doy una calada al salbutamol; pero eres y soy salvaje: tú con la fuerza y yo con la palabra.
Me agrada leer tu blog carnal, cada vez escribres y te expresas mejor, a de ser buena practica...
saludos
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